20.1.12

La única excepción

Hay una idea rondándome en la cabeza. Algo corto, ligero pero supongo que intenso. Un intento de seudo apéndice de Mi Tipo.  Un Sirius/Elis. Díganme que opinan, por favor.

___________________________________________

¿Podían las cosas complicarse con tan poco? ¿Era la regla del universo arruinarlo todo cuando iba tan bien?

― He apostado con ellos a que lo obtienes. ― lo miró con cierto recelo, tratando de analizar lo que el hombre le estaba diciendo. ― Oh, vamos, no pongas esa cara. Si lo atrapas te llevare a cenar a ese restaurant que vende esas hamburguesas gigantes.

― ¿Crees que con eso me comprarás? ―

― Piensa en nuestro cielo bello. Le encantan las sobras de ese lugar.

― Las cuales no deberíamos darle. Que sea mestiza no significa que su estomago aguante cualquier cosa. ―

Sirius con la confianza ganada en esos años, paso una mano por sus hombros.

― Te daré lo que quieras. Vamos, aposté a que le ganarías a esa mujer de verde que ha estado rondando a Tonks mirando el ramo como si fuese su vida propia. ―

― ¿Y qué culpa tengo yo que esa sea una obsesiva con el matrimonio?

¡¿Listas chicas?!

― Ni de broma, parecen pirañas. ― masculló Elis ciertamente impresionada por la cantidad de mujeres que se había congregado en medio del salón de baile a la espera del tal preciado objeto. No estaban lejos de ellas por eso de cerca, se veía con más claridad la ― Ve tú.

Sirius puso mala cara.

― Nunca fui bueno atajando cosas que significaran compromiso. Me conoces. ―

― Exactamente, y porque lo hago, se que si estas atrás del premio lo tomas seguro.

¡No empujen!


― Por favor, te prestaré mi automóvil... ― Elis permanecía callada.


¡Prohibidos los codazos!


― Continua. ― dijo con suavidad.

― Durante un día. ―

Elis bufó.

― Maldito amarrete. ― Lo que significaba: o lo mejoras o te olvidas.

¡Uno!


― Sabes como amo a mi bebé, no puedes pedírmelo por más. ― reclamó el de ojos grises con cierto reproche al sentirse incomprendido.

― Olvídalo, Sirius, no pienso...―

¡Dos!

―... ser el conejillo de indias que...―

¡Tres!

Lo que ocurrió a continuación fue un tanto confuso, así que lo rebobinare y lo pondré mas lento para poder explicarlo, uhm, a ver. Bien.

Cuando el tercer numero fue anunciado el grupo de mujeres desesperadas por agarrar el ramo se empujaron unas a otras con suficiente energía como para alimentar a una ciudad, pero no vamos a entrar en esos detalles pequeñitos y absurdos. No.

Elis, que no aceptó el trato, comenzó a caminar hacia su mesa cuando Sirius, en una hábil maniobra que no logro distinguir con exactitud, la levantó dejándola a unos centímetros del suelo.

Elis gritó.

Las demás mujeres también.

Y todo terminó.

El silencio que sucedió duró unos cinco segundos.

Sirius bajó a la que una vez fue su esposa al tiempo que la multitud aplaudía, y cuando Elis sintió el suelo bajo sus zapatos se tambaleó.

¡¿Qué demonios había sido aquello?!

― ¡Bien hecho, Elis! ― saludó la flamante novia acercándose a ambos junto con su esposo. Remus estaba que se partía. Sirius había hecho trampa y la pobre de la castaña apretaba el ramo sin darse cuenta siquiera.
James llegó con su familia, apuntando con el dedo a Sirius.

― ¡Eso no estaba estipulado! No podemos contarlo como valido. ― reclamó.

Black simplemente se encogió de hombros, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón.

― Nunca dijimos nada. En definitiva, ella agarró el ramo. Me deben...―

― Si tanto lo quieres ¿Por qué no te lo comes? ― Evidentemente Sirius no se lo vio venir, porque si no hubiese cerrado mejor y mas rápido la boca. En un simple dos por tres, Elis metió parte de las flores en la boca del moreno.

Terminando con su atentado, dio media vuelta y se fue.

Más de uno negó con cierto aire de pena.

Sirius Black aún seguía sin tener tacto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario